lobitobueno

Historia del lobito (bueno) que no recordaba su nombre

Tinta y lápices de colores

Perdió su nombre una noche de fiesta. Como quien pierde la chaqueta o la cartera, pero mucho peor.
Le preguntó a sus amigos: al colibrí, al león y a la marmota, pero ninguno recordaba lo que había pasado.
Le preguntó a la luna que, divertida, le contestó:
– Estuvisteis bailando hasta que salió el sol, quizás él tenga la respuesta. –
Le preguntó al sol, pero el sol es demasiado egocéntrico y nunca presta atención a lo que hacen o dicen los otros. Además, ese día también tenía resaca y estaba insoportable.
Le preguntó al búho, al zorrito del bar, al señor conejo y hasta a la vecina de enfrente por si, por casualidad, había escuchado algo de madrugada o había encontrado su nombre en el portal. Pero nadie parecía saber que había pasado con él.

Así que al lobito (bueno) no le quedó otro remedio que acudir al tiempo, a ver si éste era capaz de darle una solución. El tiempo, que es muy serio y responsable, también puede ser muy cruel pues se le ha encomendado la tarea de guardar a buen recaudo el equilibrio, algo que, en ocasiones, le obliga a tomar decisiones despiadadas. Cuando el lobito (bueno) le contó su historia se enfadó muchísimo porque, claro, perder un nombre no es ninguna tontería y decidió castigarlo por su imprudencia.

Lo dividió en millones de pedazos y los esparció entre todos y cada uno de los seres del universo con la condición de que solo podrían volver a juntarse cuando alguien consiguiera adivinar su nombre.

Es por eso que, desde ese día, todos tenemos en nuestro interior un pedazo de lobito (bueno) que a veces, cuando estamos solos, nos pregunta cual es su nombre. No todos pueden escucharlo porque, como el sol, no son capaces de escuchar a los demás. Y los que alguna vez lo han escuchado todavía no han adivinado la respuesta…


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